Morón, tierra de carnaval es una serie documental de tres episodios dedicada a recuperar y contar la evolución reciente del Carnaval de Morón de la Frontera. Realizada conjuntamente por Canal 4 Televisión, FEPAC Morón y carnavaldemoron.com, la serie reconstruye aproximadamente cuatro décadas de historia a través de las agrupaciones, sus protagonistas, las coplas y los acontecimientos que han ido dando forma al Carnaval contemporáneo de la localidad.
El proyecto se apoya especialmente en los testimonios de quienes participaron directamente en esa historia, combinados con fotografías, actuaciones, coplas y documentación histórica. En este primer episodio se incorpora, por ejemplo, documentación conservada en el Archivo Municipal de Morón relacionada con la prohibición del Carnaval durante el franquismo, junto a los recuerdos de componentes, autores y aficionados que vivieron su recuperación y posterior desarrollo.
La serie fue publicada en febrero de 2021, en un momento especialmente singular: aquel año no llegó a celebrarse oficialmente el Carnaval de Morón debido a la situación sanitaria provocada por el COVID-19. El resultado permite volver sobre la fiesta desde otra perspectiva, poniendo el foco en su memoria y en las personas que la construyeron.
El primer capítulo de Morón, tierra de carnaval recorre una etapa fundamental para entender la fiesta actual: la recuperación del Carnaval de Morón tras décadas de prohibición y su desarrollo durante los años ochenta.
Desde la salida de Los Revivíos en 1979 hasta la aparición de dos formas diferentes de entender la comparsa en el Rancho y San Francisco, el episodio reconstruye una década en la que regresaron las coplas a la calle, surgieron nuevas agrupaciones y modalidades y comenzó a tomar forma el Carnaval contemporáneo de Morón.
El regreso del Carnaval a las calles de Morón
El episodio parte de los años en los que el Carnaval estuvo oficialmente prohibido durante el franquismo. Pese a aquella situación, algunas manifestaciones aisladas permitieron que parte de la tradición sobreviviera hasta la llegada de la democracia.
El gran punto de inflexión se sitúa en 1979. A finales del año anterior había comenzado a organizarse Los Revivíos, la agrupación que el documental presenta como protagonista de la recuperación del Carnaval moderno de Morón.
Sus integrantes recuerdan un momento marcado todavía por la incertidumbre. Cádiz era la principal referencia y el grupo tuvo que preparar en poco tiempo músicas y letras con las que volver a cantar públicamente después de décadas sin un Carnaval normalizado en las calles.
La salida de aquel sábado de Carnaval de 1979 quedó grabada en la memoria de sus protagonistas. Desde la zona de La Victoria avanzaron hacia el centro entre presencia policial y cierta preocupación por lo que pudiera ocurrir.
Cuando llegaron a la plaza del Ayuntamiento encontraron allí a numerosos vecinos. El Carnaval había vuelto.
Los primeros años de organización
Recuperar la fiesta no significaba que estuviera ya consolidada. En 1980 comenzaron a hacerse visibles las dificultades de organizar un Carnaval que todavía encontraba cierto recelo y que dependía en buena medida del esfuerzo de aficionados y colaboradores.
El documental recuerda la creación de una Comisión Organizadora del Carnaval, que empezó a dotar de mayor estructura a la fiesta y a buscar colaboración entre establecimientos, colegios, aficionados y el propio Ayuntamiento.
Ese proceso permitió pasar poco a poco de una recuperación casi espontánea a un Carnaval con una organización cada vez más estable.
El Rancho y las primeras comparsas de la década
Uno de los principales focos de aquellos primeros años fue el Rancho.
En 1981 apareció El Ministro y sus Rancheros, bajo la dirección de Juan Luis «Lararla». La agrupación comenzó también a actuar fuera de Morón y contribuyó a extender el conocimiento de aquel Carnaval que acababa de recuperarse.
Un año después llegaría uno de los nombres fundamentales del episodio: Los Tartessos. En 1982 se convirtieron, según recoge el documental, en la primera agrupación moronense que acudió a cantar a las calles de Cádiz. Aquella experiencia tuvo un importante valor para un Carnaval que todavía estaba construyendo su identidad y que encontraba precisamente en Cádiz su principal referencia.
Los Tartessos dejaron además un recordado piropo a la ciudad gaditana que continuó formando parte de la memoria de aquellos años.
Rancho y San Francisco: dos formas de entender la comparsa
A partir de 1983 empiezan a definirse dos grandes núcleos dentro de la comparsa moronense.
Por una parte estaba la Comparsa del Rancho, vinculada a Juan Luis «Lararla». Su estilo estaba estrechamente relacionado con el flamenco y con una forma muy local de interpretar las coplas.
El episodio plantea incluso la aparición de un cierto «estilo de Morón»: una manera propia de hacer comparsa que había aprendido de Cádiz pero que pretendía conservar una personalidad vinculada al pueblo y a su tradición musical.
De aquel entorno surgieron, entre otras, Los Energéticos, que en 1983 llevaron a sus coplas un grave accidente ocurrido en una fábrica de Morón. Es uno de los ejemplos que utiliza el documental para mostrar cómo las agrupaciones funcionaban también como cronistas de la actualidad local.
Al mismo tiempo comenzaba a desarrollarse la Comparsa de San Francisco, inicialmente encabezada por Antonio Escobar.
Su primera agrupación fue La Partía, también en 1983. Después llegaron Cal y canto, en 1984, con la incorporación de Juan Bermúdez, y Siglo de Oro, que en 1985 viajó a cantar a Cádiz.
El Rancho y San Francisco representaban formas diferentes de entender la comparsa. Esa competencia, explican sus protagonistas, no significaba enemistad. Había rivalidad artística, pero también convivencia y respeto.
Precisamente esa diferencia acabaría enriqueciendo el Carnaval de Morón.
1986: un Carnaval sin celebración oficial
En 1986 no se celebró oficialmente el Carnaval de Morón. El esfuerzo de preparar agrupaciones año tras año, con meses de ensayos, repertorios y disfraces, había provocado desgaste entre algunos de sus protagonistas.
Sin embargo, la ausencia de celebración oficial no consiguió dejar las coplas en casa. Esto no tiene nombre y Los Uralitas salieron aquel año a la calle, una muestra de que el Carnaval ya había adquirido suficiente arraigo como para sobrevivir incluso sin una programación organizada.
1987: Los Arrieros y Bereberes
El Carnaval regresó con especial fuerza en 1987, uno de los años que ocupa mayor espacio en este primer capítulo. Coincidieron entonces Los Arrieros (Rancho) y Bereberes (San Francisco).
Los Arrieros consiguieron el primer premio en el concurso de Fuentes de Andalucía, mientras que Bereberes obtuvo el primero en Alcalá de Guadaíra.
Más allá de los premios, las dos agrupaciones quedaron como representantes de aquellas dos escuelas que habían ido desarrollándose durante la década.
El propio cierre del episodio resume esa relación: Los Arrieros y Bereberes aparecen juntos cantando el himno del Carnaval, después de haber representado durante aquel año dos estilos distintos dentro de una misma fiesta.
La incorporación de las mujeres y nuevas modalidades
El final de los ochenta trajo además cambios importantes en la composición del Carnaval. En 1988, Las Marías tuvieron un papel destacado en la incorporación estable de las mujeres a las agrupaciones. Sus integrantes recuerdan en el documental los comentarios y prejuicios machistas que tuvieron que afrontar y reivindican su derecho a participar en la fiesta en las mismas condiciones que los hombres.
Durante estos años fueron ganando también presencia otras modalidades. Las chirigotas ampliaron la vertiente más humorística del Carnaval y el cuarteto encontró también su espacio, con una fórmula propia basada en la parodia, la actualidad, la crítica política y los juegos de palabras.
El Carnaval que había regresado a las calles apenas unos años antes empezaba ya a ser mucho más diverso.
Los cimientos del Carnaval contemporáneo
Entre 1979 y finales de los ochenta, el Carnaval de Morón experimentó una transformación enorme.
Los Revivíos habían abierto el camino. Después llegaron la organización de la fiesta, nuevos autores y agrupaciones, el crecimiento del Rancho y San Francisco, las primeras experiencias fuera de Morón, la incorporación de las mujeres y la consolidación de diferentes modalidades.
Cádiz seguía siendo una referencia esencial, pero durante aquellos años comenzó también a reconocerse una manera propia de hacer Carnaval en Morón.
El primer episodio de Morón, tierra de carnaval termina precisamente en ese punto: cuando la fiesta ya había recuperado su lugar en las calles y empezaban a asentarse las bases del fuerte crecimiento que viviría durante los años noventa.
