Morón, tierra de carnaval: una historia contada por sus protagonistas
Morón, tierra de carnaval es una serie documental de tres episodios dedicada a recuperar y contar la evolución reciente del Carnaval de Morón de la Frontera. Realizada conjuntamente por Canal 4 Televisión, FEPAC Morón y carnavaldemoron.com, reúne testimonios de quienes participaron directamente en la fiesta, actuaciones, coplas y material documental para reconstruir alrededor de cuatro décadas de su historia.
La serie fue publicada en febrero de 2021, en un año especialmente singular: el Carnaval de Morón no pudo celebrarse oficialmente debido a la situación sanitaria provocada por la COVID-19. El documental permitió entonces volver sobre la fiesta desde otra perspectiva, poniendo el foco en su memoria y en las personas que habían contribuido a construirla.
Después de recorrer en el primer episodio la recuperación del Carnaval y los años ochenta, y de detenerse en el segundo en la gran expansión de los noventa, «Una nueva generación» aborda el cambio de siglo y la evolución posterior de muchas de las agrupaciones, autores y componentes que han definido el Carnaval moronense más reciente.
El capítulo comienza retomando una transformación que ya había aparecido al final del episodio anterior: la consolidación de las mujeres dentro de las agrupaciones. A partir de ahí recorre el nacimiento de nuevos grupos, la llegada de jóvenes carnavaleros, la continuidad de comparsas y chirigotas durante varias décadas y la transmisión de la fiesta entre generaciones.
Las Niñas del Rancho y una generación que creció dentro del Carnaval
El episodio comienza en 1997, con la denominada Comparsa de las Niñas del Rancho.
Sus primeras componentes eran todavía muy jóvenes, algunas de apenas doce o trece años, y habían crecido alrededor de un barrio con una importante tradición carnavalera. El documental recuerda especialmente a varias personas que ayudaron a que aquellas niñas pudieran formar sus primeras agrupaciones y empezar a participar en la fiesta.
Lo que comenzó siendo una experiencia prácticamente infantil terminó desarrollándose durante muchos años.
Las propias protagonistas recuerdan cómo fueron aprendiendo a cantar, trabajar las voces, escribir sus primeras letras y asumir progresivamente responsabilidades dentro de la agrupación.
Con el paso del tiempo dejaron de ser aquellas niñas que comenzaban a cantar acompañadas por carnavaleros más veteranos y fueron construyendo una trayectoria propia.
El documental sitúa el recorrido de esta comparsa entre 1997 y 2015, cuando prepararon un último repertorio que finalmente no llegó a salir a la calle.
En medio quedaron numerosos tipos, coplas, ensayos y una evolución que permite observar algo fundamental para entender este periodo: el Carnaval comenzaba a generar sus propias generaciones de relevo.
Las mujeres ocupan definitivamente su espacio
La presencia femenina no se limitó a una sola agrupación. Entre finales de los noventa y los primeros años del nuevo siglo aparecieron en Morón diferentes grupos formados por mujeres. Sus protagonistas recuerdan una etapa en la que todavía existían determinadas miradas y prejuicios, pero también una convivencia creciente con las agrupaciones masculinas.
La situación había cambiado considerablemente respecto a las primeras experiencias de los años ochenta. Las mujeres ya no aparecían únicamente como una excepción dentro del Carnaval. Empezaban a existir varias agrupaciones simultáneamente, intercambiaban experiencias y buscaban ayuda en grupos que llevaban más tiempo cantando.
Esa evolución no eliminó todas las dificultades. Los testimonios del documental hablan también del esfuerzo adicional que suponía mantener una agrupación cuando las responsabilidades familiares y domésticas seguían recayendo de manera desigual sobre las mujeres.
Aun así, la presencia femenina siguió aumentando durante aquellos primeros años del siglo XXI.
Belinda Ramos y una comparsa con voz propia
Uno de los nombres en los que se detiene especialmente el episodio es Belinda Ramos. Su trayectoria comenzó en 1999 con una agrupación mixta, Almas de color hollín. Aquella primera experiencia duró un año y terminó dando lugar a distintos caminos.
Belinda decidió continuar con una comparsa formada por mujeres y comenzó así una trayectoria que el documental sigue desde el 2000 hasta 2020.
Durante esos años la agrupación fue cambiando al mismo tiempo que lo hacían sus componentes y su propia autora.
El documental destaca especialmente una característica que Belinda Ramos reivindica en su manera de entender la comparsa: la relación entre Carnaval y flamenco como elementos de la cultura de Morón.
A lo largo de los años fueron incorporándose nuevas componentes, algunas de ellas muy jóvenes, mientras otras permanecieron durante buena parte de la trayectoria del grupo.
La propia evolución de las letras refleja también ese paso del tiempo. Belinda recuerda sus primeros repertorios como más inocentes y preocupados por agradar, frente a una etapa posterior en la que fue adquiriendo mayor libertad para escribir sobre aquello que realmente quería contar.
Entre las agrupaciones que aparecen en el recorrido del documental se recuerdan especialmente La tormenta y El circo de los horrores, además de otros repertorios que acompañaron a la comparsa durante esas dos décadas.
De muchas agrupaciones a una preocupación creciente
Tras detenerse en la participación femenina, el documental vuelve a mirar el conjunto del Carnaval. El crecimiento experimentado durante los años noventa todavía se mantenía en los primeros años del nuevo siglo.
Los datos que ofrece el episodio son significativos: en 2000 salieron quince agrupaciones en Morón y en 2001 y 2002 llegaron a ser diecisiete.
Aquella cantidad se explicaba por dos factores. Por una parte, seguían activas muchas agrupaciones nacidas durante la década anterior. Por otra, empezaba a incorporarse una nueva generación de carnavaleros que estaba creando sus propias comparsas y chirigotas.
Sin embargo, el documental advierte también de la evolución posterior: con el paso de los años el número de agrupaciones fue descendiendo.
La cantera y la capacidad para incorporar nuevos componentes aparecen desde entonces como una de las grandes cuestiones para garantizar la continuidad de la fiesta.
La Trupe: de un grupo de jóvenes a una larga trayectoria
Una de aquellas nuevas generaciones comenzó a reunirse en 1998. Eran jóvenes, algunos todavía adolescentes, y vivían el Carnaval prácticamente alrededor del local de ensayo. De aquella experiencia surgió una agrupación que años después terminaría siendo conocida como la Comparsa de la Trupe.
El documental recuerda aquellos primeros tiempos como una etapa de aprendizaje y convivencia particularmente intensa. En 2001, con Teatro de calle, apareció el nombre de La Trupe, que terminaría identificando al grupo durante los años siguientes.
La agrupación fue evolucionando musicalmente y comenzó también a participar en concursos fuera de Morón. El trabajo de afinación y la búsqueda de un sonido cada vez más elaborado ocupan buena parte de los recuerdos de sus componentes.
En 2006, con La Santa María, consiguieron el segundo premio en el concurso de Carmona, uno de sus mejores resultados durante aquellos años. Después continuarían nuevas comparsas, cambios de autores y músicos y también algunos paréntesis.
La Trupe y el salto al concurso de Cádiz
Otro momento importante llegó en 2013. Con Pan de azúcar, La Trupe decidió participar en el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas de Cádiz.
El documental presenta aquella experiencia como la primera ocasión en la que una agrupación de Morón acudía al concurso gaditano, algo diferente de las visitas anteriores de comparsas moronenses para cantar en las calles de Cádiz.
La actuación no dejó las mejores sensaciones entre sus propios protagonistas, pero sí el recuerdo de todo lo que había supuesto preparar una comparsa con el objetivo de subir al escenario del Gran Teatro Falla.
El grupo decidió repetir la experiencia. En los años siguientes llegarían La Telaraña y Los Noveleros, con cambios importantes tanto en la autoría como en el sonido de la comparsa.
La trayectoria de La Trupe continuaría posteriormente con otros proyectos hasta cerrar una etapa que había comenzado casi dos décadas antes con aquel grupo de adolescentes.
Carlos Pol y una comparsa que atraviesa el siglo XXI
El episodio dedica también un amplio espacio a Carlos Pol, cuya relación con las agrupaciones había comenzado mucho antes, entre finales de los ochenta y los primeros años noventa.
Sin embargo, es en 2000, con Carnavaleando, cuando comienza la etapa más extensa de su trayectoria al frente de una comparsa que ha mantenido una importante continuidad durante el siglo XXI.
El propio origen del grupo vuelve a mostrar el peso de las nuevas generaciones.
Varios jóvenes con poca experiencia previa comenzaron a reunirse con la intención de formar una comparsa. Carlos Pol terminó incorporándose al proyecto y, a partir de ahí, comenzó una relación que se prolongaría durante numerosos carnavales.
Después llegaron agrupaciones como La Timbirimba del Tío Juan, La Tracamundana, Cantares de un prisionero o Negro Oro.
A medida que pasaban los años, la comparsa iba incorporando componentes, ganando experiencia y construyendo una forma de cantar muy reconocible.
La Calle Alegría y las coplas que sobreviven a una agrupación
Entre las muchas comparsas de esta trayectoria, el documental se detiene especialmente en La calle alegría, de 2008.
Su presentación terminó convirtiéndose en una de esas coplas que consiguieron superar el Carnaval para el que habían sido escritas.
Los protagonistas recuerdan cómo continuó cantándose posteriormente en reuniones y encuentros carnavaleros, hasta quedar incorporada al repertorio colectivo de muchos aficionados de Morón.
Es otra de las ideas que aparece varias veces a lo largo de los tres episodios de la serie. Una agrupación dura un solo Carnaval, pero determinadas letras y músicas permanecen durante años y terminan formando parte de la memoria de la fiesta.
Después llegarían otras comparsas y nuevos cambios de componentes, pero se mantuvieron algunos elementos que el documental asocia a la forma de trabajar de Carlos Pol: la crítica, la reivindicación, la exigencia durante los ensayos y una determinada manera de entender el llamado estilo de Morón.
El nacimiento de la Chirigota del Camacho
El cambio de siglo fue también especialmente importante para la chirigota. En 1998 nació el grupo que terminaría siendo conocido como la Chirigota del Camacho.
Un grupo de jóvenes con ganas de participar en el Carnaval buscó ayuda para poder poner en marcha su primera agrupación. A partir de aquella experiencia comenzó una trayectoria que se prolongaría, con diferentes etapas, durante más de veinte años.
El documental muestra cómo fueron evolucionando tanto el grupo como sus repertorios. Con los años mejoraron las músicas, las letras y la manera de cantar, al mismo tiempo que aparecían colaboraciones con autores de fuera de Morón.
Una figura fundamental fue el Camacho, hasta el punto de que la propia agrupación terminó siendo conocida popularmente por su nombre. Los testimonios destacan su presencia constante y su crecimiento como autor dentro de la chirigota.
La última aparición que recoge el documental se produjo en 2019, después de varios años en los que la agrupación ya había ido saliendo de forma más intermitente.
Las obligaciones laborales y familiares de sus componentes aparecen nuevamente como una de las razones que hacen más difícil mantener un grupo durante tantos años.
Los Desentonaos y el Carnaval como proyecto de Peña
Un año después, en 1999, comenzó otra de las grandes trayectorias de la chirigota moronense: la vinculada a la Peña de los Desentonaos.
Su primera agrupación fue conocida popularmente como Los Jorobados. A partir de ahí se sucedieron durante años diferentes chirigotas, tipos y repertorios, manteniendo una línea propia pero procurando cambiar las ideas y formas de presentar cada agrupación.
El documental destaca La reina de la noche como uno de los primeros grandes éxitos del grupo. Pero la importancia de Los Desentonaos en Morón no se limita a sus agrupaciones adultas.
La cantera como garantía de futuro
Uno de los proyectos que ocupa un lugar importante en el episodio es precisamente el trabajo de cantera desarrollado alrededor de la Peña de los Desentonaos.
La idea era que una Peña no se limitara a sacar su agrupación y organizar determinadas actividades, sino que contribuyera también a asegurar la continuidad del Carnaval.
En ese trabajo tuvo un papel destacado Manolete, impulsando grupos infantiles y juveniles de los que posteriormente saldrían nuevos componentes y autores.
El documental cita entre esa nueva generación nombres que después han seguido formando parte activa del Carnaval moronense.
Aquí aparece probablemente una de las ideas más importantes de todo el tercer episodio: una fiesta que depende de agrupaciones necesita crear continuamente nuevos carnavaleros capaces de tomar el relevo.
La cantera deja de ser únicamente una modalidad infantil para convertirse en una cuestión de continuidad cultural.
Carlos Azogue y nuevas etapas de la chirigota
El capítulo recupera también la trayectoria de Carlos Azogue, que regresó con un nuevo proyecto en 2005 después de algunos años alejado de las agrupaciones.
Aquel regreso daría lugar a diferentes chirigotas y, tras un nuevo paréntesis, a otra etapa iniciada en 2014 junto a Alejandro Pérez.
Ese año apareció Los Istiercos. Después llegarían nuevas agrupaciones, algunas especialmente recordadas por sus tipos y por una forma de hacer chirigota basada en personajes muy reconocibles y en la observación de comportamientos cotidianos.
El grupo terminó afrontando además otra experiencia que se repite en este episodio: participar en el concurso de Cádiz con Los buscapagas.
Más allá del resultado obtenido allí, sus componentes recuerdan el hecho de llevar una agrupación del Carnaval de Morón al Gran Teatro Falla.
David Mena «Moro» y el encuentro entre generaciones
La parte final del documental se detiene en el Moro. Después de su paso por Los Desentonaos decidió formar una nueva agrupación con gente joven, de la que surgirían diferentes chirigotas.
Su trayectoria permite al episodio conectar dos generaciones. Por una parte estaban los jóvenes con los que comenzaba a crear nuevos grupos. Por otra, carnavaleros mucho más veteranos a los que había admirado desde pequeño.
En 2010 llegó incluso a participar simultáneamente en dos proyectos diferentes: uno formado por gente joven y otro en el que coincidió con nombres experimentados del Carnaval de Morón como Juan Bermúdez, Antonio Escobar o Pedro Parreño.
Para David Mena, aquella experiencia supuso poder cantar junto a personas que habían formado parte del Carnaval que él había conocido como aficionado.
El documental utiliza ese encuentro para volver sobre una de sus principales ideas: el Carnaval de Morón se ha construido mediante una sucesión de generaciones que aprenden unas de otras, se mezclan y terminan creando nuevos grupos.
¿Qué les ha dado el Carnaval?
Después de recorrer cuatro décadas de agrupaciones, el documental reserva su última pregunta para los protagonistas.
Hasta entonces se había hablado de lo que autores, músicos y componentes habían aportado al Carnaval.
El cierre invierte la cuestión: ¿qué les ha dado el Carnaval a ellos?
Las respuestas de las 38 entrevistas realizadas para la serie son diferentes, pero muchas coinciden en unas mismas ideas.
Libertad. Expresión. Reivindicación. Amistad. Compromiso. Familia.
Para algunos, el Carnaval es una forma de decir cantando aquello que no encontrarían otra manera de expresar. Para otros, son los amigos y las relaciones construidas durante años de ensayos, actuaciones y convivencia.
Y para muchos termina apareciendo la misma definición: una forma de vida.
Cuarenta años de Carnaval y una historia que continúa
El tercer episodio pone fin al recorrido iniciado con Los Revivíos en 1979.
Durante esos aproximadamente cuarenta años, el Carnaval de Morón pasó de recuperar una fiesta prohibida durante décadas a desarrollar diferentes escuelas, modalidades, autores y generaciones.
Los ochenta fueron los años de la recuperación y de la búsqueda de una identidad. Los noventa trajeron una enorme expansión. El comienzo del siglo XXI permitió que muchas de aquellas agrupaciones continuaran mientras otras nuevas tomaban el relevo.
El documental termina reconociendo además algo inevitable en un trabajo de estas características: no todas las agrupaciones y protagonistas pudieron aparecer en las entrevistas.
La propia historia sigue abierta. Continúan surgiendo comparsas, chirigotas, romanceros y agrupaciones infantiles; entran nuevos componentes, aparecen autores jóvenes y otros dejan temporalmente el Carnaval para regresar años después.
Morón, tierra de carnaval cierra así su recorrido sin presentar la historia como algo terminado.
Porque las agrupaciones cambian, las generaciones se suceden y los nombres son distintos, pero las coplas siguen encontrando cada febrero una manera de volver a las calles de Morón.
