Morón, tierra de carnaval: una historia contada por sus protagonistas
Morón, tierra de carnaval es una serie documental de tres episodios dedicada a recuperar y contar la evolución reciente del Carnaval de Morón de la Frontera. Realizada conjuntamente por Canal 4Televisión, FEPAC Morón y carnavaldemoron.com, reúne testimonios de quienes participaron directamente en la fiesta, actuaciones, coplas y material documental para reconstruir varias décadas de su historia.
La serie fue publicada en febrero de 2021, en un año especialmente singular: el Carnaval de Morón no pudo celebrarse oficialmente debido a la situación sanitaria provocada por la COVID-19. El documental permitió entonces volver sobre la fiesta desde otra perspectiva, poniendo el foco en su memoria y en las personas que habían contribuido a construirla.
Si el primer episodio se centraba en la recuperación del Carnaval tras décadas de prohibición y en su desarrollo durante los años ochenta, «La década dorada» retoma el relato justo en el momento en el que la fiesta comienza a desbordar aquellas primeras estructuras.
Durante los noventa crece el número de agrupaciones, aparecen nuevas generaciones y autores, la chirigota adquiere mucho más peso y el pasacalles se convierte progresivamente en una de las grandes manifestaciones populares del Carnaval de Morón.
El episodio no se limita estrictamente a 1990-1999. Sigue también la trayectoria posterior de varias agrupaciones nacidas o consolidadas durante aquellos años para mostrar la huella que aquella década dejó en el Carnaval de las décadas siguientes.
Los años 90: la explosión del Carnaval de Morón
El episodio arranca justo donde terminó el anterior. Durante los años ochenta el Carnaval había tenido que recuperar su espacio después de décadas de prohibición y superar todavía cierto rechazo social. Al comenzar los noventa, la situación era muy distinta.
Los protagonistas recuerdan aquellos años como un periodo de enorme creatividad y participación. Las agrupaciones se multiplicaban y, cuando terminaba un Carnaval, muchas comenzaban prácticamente a pensar ya en el siguiente.
Ensayos, reuniones en peñas y bares, letras, músicas y nuevos grupos mantuvieron la fiesta en movimiento durante toda la década.
Ese crecimiento no ocurrió únicamente sobre los escenarios. También el pasacalles adquirió unas dimensiones cada vez mayores. Los disfraces se preparaban con más atención, aparecieron incluso algunas carrozas y aumentó considerablemente la participación en la calle.
El Carnaval que apenas una década antes había tenido que abrirse camino de nuevo estaba entrando en una etapa completamente diferente.
1990: Por Arte de Magia
Una de las primeras agrupaciones en las que se detiene el capítulo es Por Arte de Magia, de la Comparsa de San Francisco.
Salió en 1990 y obtuvo el primer premio en el concurso de agrupaciones de Alcalá de Guadaíra. Tres décadas después de aquella aparición, los participantes en el documental seguían señalándola como una de las comparsas más recordadas de San Francisco.
Sus protagonistas destacan especialmente el equilibrio conseguido entre música, letras y voces, además del trabajo de Paco Prado en el repertorio.
La agrupación vivió también una experiencia poco habitual para una comparsa de Morón de aquellos años: viajó a Barcelona, donde cantó ante numerosos andaluces residentes allí. Los recuerdos de aquel viaje ocupan una parte importante del testimonio de sus componentes.
Después llegarían otras agrupaciones de San Francisco, como Corazón de los Andes, A Nuestro Aire o Son de La Habana.
De la comparsa a la chirigota de San Francisco
La Comparsa de San Francisco atravesó un momento de falta de componentes y decidió probar algo diferente.
Lo que inicialmente nació casi como una solución para poder seguir saliendo terminó convirtiéndose en una nueva etapa: la Chirigota de San Francisco. Aquellos componentes descubrieron una modalidad con otras posibilidades y, sobre todo, otra forma de divertirse haciendo Carnaval.
Entre las agrupaciones de esta etapa, el documental recuerda especialmente Esta tribu pierde aceite, de 1997, cuyo tipo y repertorio abordaban la homosexualidad desde el humor.
El episodio utiliza su historia como ejemplo de algo que estaba ocurriendo en toda la fiesta: las fronteras entre grupos y modalidades eran menos rígidas de lo que pudiera parecer. Comparsistas podían terminar haciendo chirigota y de la unión o separación de antiguos grupos aparecían continuamente agrupaciones nuevas.
La chirigota se hace definitivamente un sitio
Si la comparsa había tenido un protagonismo fundamental durante la recuperación de los ochenta, los años noventa fueron también la década de consolidación de la chirigota en Morón.
Una de las agrupaciones que el documental sitúa en ese despegue es Los Gordos las prefieren rubias, de 1990.
Su éxito dio continuidad a una modalidad que había empezado a abrirse camino durante los últimos años de la década anterior y a la que pronto se sumarían diferentes grupos.
También recuperó espacio la murga, con Pepe de Felipe como uno de sus principales representantes y agrupaciones como Los Murgraciosos.
El resultado fue un Carnaval progresivamente más variado, en el que comparsas, chirigotas, murgas y otras fórmulas convivían y se influían entre sí.
Nuevas generaciones y nuevos autores
La década de los noventa supuso también la llegada de una nueva generación. Algunos habían vivido el Carnaval desde niños. Otros eran hijos de componentes de aquellas agrupaciones que habían protagonizado su recuperación unos años antes.
De esa renovación surgieron nuevos grupos y comenzaron a tener cada vez mayor presencia autores que después serían fundamentales en la historia reciente del Carnaval de Morón.
Uno de ellos fue Alfonso Luna. Después de sus primeras experiencias en agrupaciones anteriores, en 1992 apareció Romance Calé, una comparsa que el documental presenta como un salto importante en su trayectoria como autor y director.
Luna explica que buscó una combinación entre diferentes referencias: la comparsa de San Francisco, el carácter más flamenco de la comparsa del Rancho y determinadas influencias gaditanas.
El propio testimonio entra además en un debate muy moronense: qué significa realmente ese llamado «estilo de Morón» y hasta qué punto recibir influencias de Cádiz supone perder una personalidad propia.
El episodio muestra precisamente lo contrario: durante aquellos años la identidad de las agrupaciones se fue construyendo a partir de influencias diferentes y de la personalidad de sus propios autores.
Almas Gemelas y una comparsa en transformación
La trayectoria de aquel grupo continuaría durante la década. Después de nuevas agrupaciones y de un paréntesis en 1994, en 1995 llegó Almas Gemelas, con Alfonso Luna y la colaboración de Antonio Morales.
El documental recuerda especialmente la complejidad de su tipo y de la puesta en escena, que incluía un muñeco con el que interactuaban los propios componentes.
En 1996, tras la marcha de Alfonso Luna, el grupo decidió continuar con una nueva autoría. Antonio Morales asumió las letras y Paco Escalante la música en Rondalla.
A partir de ahí la agrupación continuaría transformándose y sumando nuevos autores, entre ellos Paco «Profundo».
Aunque este episodio está dedicado principalmente a los años noventa, sigue posteriormente la trayectoria del grupo para mostrar el recorrido de aquella generación. Así aparecen agrupaciones posteriores como La Reconcilia, La Cuna del Blues o Tiempos Modernos y la reunión de varios de sus autores y componentes en torno al pregón de Sergio Bellido en 2010.
La intención no es abandonar los noventa, sino mostrar hasta dónde llegó lo que había comenzado durante aquella década.
La chirigota del Maestro Bombilla
Entre los grupos surgidos de aquella proliferación de agrupaciones estuvo también la que con el tiempo sería conocida como la Chirigota del Bombilla.
Su primera etapa se sitúa en 1992, con un grupo joven y un Carnaval construido sobre tipos sencillos, humor y muchas horas de convivencia.
El episodio recupera especialmente las anécdotas de aquellos primeros años: locales de ensayo improvisados, disfraces fabricados con pocos medios y actuaciones en las que la propia calle tenía tanto peso como el escenario.
Es una de las características que atraviesan buena parte de los testimonios del capítulo. Para muchos protagonistas, una parte esencial de aquel Carnaval estaba precisamente en salir, cantar durante horas y compartir la fiesta con las demás agrupaciones.
Chiquitín y una cantera que quería cantar con los mayores
Otro de los nombres fundamentales de la chirigota durante estos años es Francisco José Lozano Cañizares, Chiquitín.
En 1991 reunió a un grupo muy joven que quería participar en el Carnaval de los adultos. Su edad les impedía inicialmente hacerlo y los componentes protagonizaron incluso una protesta a las puertas del teatro reclamando la posibilidad de cantar. Finalmente lo consiguieron al año siguiente.
A partir de aquella experiencia se desarrolló una de las trayectorias más prolongadas de la chirigota moronense, por la que pasarían numerosos jóvenes que posteriormente continuarían vinculados al Carnaval.
El episodio se detiene especialmente en Las Bellas y la Bestia, de 1999.
De aquella chirigota quedó además un cántico nacido en el final de su popurrí —el conocido «yo quiero ver, al personal, pegando botes que pa eso es Carnaval»— que, según explica Chiquitín, terminó extendiéndose mucho más allá de la propia agrupación y continuó escuchándose años después en el Carnaval y entre los más jóvenes.
Es un ejemplo especialmente interesante de cómo una copla puede acabar separándose de la agrupación que la creó y convertirse en parte de la memoria colectiva de la fiesta.
El Rancho y los hijos de una generación
La renovación también llegó al Rancho. En 1993 apareció una nueva comparsa formada por jóvenes entre los que se encontraban hijos de carnavaleros que habían participado en la recuperación de la fiesta durante los años anteriores.
Su primera agrupación fue Reunión de Pastores. El testimonio vuelve a mostrar cómo el Carnaval se estaba transmitiendo entre generaciones. Muchos de aquellos jóvenes habían acompañado desde pequeños a sus padres a ensayos y actuaciones y terminaron creando su propia agrupación.
Después llegaron nuevos repertorios y una evolución musical progresiva. Entre las agrupaciones que recuerda el episodio aparecen Embrujo de Carnaval, en 1994, y Alumbrando Febrero (Los serenos), en 1996.
Las nuevas generaciones no estaban sustituyendo simplemente a las anteriores. Aprendían de ellas, incorporaban componentes y autores con experiencia y, al mismo tiempo, desarrollaban su propia manera de cantar.
1996: nace la Comparsa de la Piscina
A mediados de los noventa se produjo otro importante crecimiento del número de agrupaciones.
De ese momento surgió una de las comparsas con mayor continuidad posterior: la Comparsa de la Piscina.
Su origen estuvo en el IES Fray Bartolomé de las Casas. Un grupo de jóvenes de diferentes cursos comenzó a reunirse durante los recreos con la intención inicial de preparar una chirigota.
Después de escucharles, algunos carnavaleros les recomendaron que probaran con la comparsa. Así nació en 1996 Entre Pantomimas.
Aquellos primeros ensayos en el instituto dieron paso posteriormente a los vestuarios de la piscina municipal, lugar que terminaría dando nombre al grupo.
El documental muestra una forma de creación bastante colectiva. Diferentes componentes llevaban letras, músicas e ideas y el grupo decidía cuáles funcionaban y cómo podían desarrollarse.
En 1999, con El Bufón, sus propios componentes sitúan uno de los principales puntos de inflexión de la comparsa.
Aquel año volvió además a tener una presencia importante Juan Luis Cabrera, «Lararla», cuya forma de escribir y su relación con el flamenco dejaron una importante huella en el estilo del grupo.
Una comparsa que atravesó varias generaciones
La historia de la Comparsa de la Piscina permite al documental salir nuevamente de los límites estrictos de los años noventa.
Durante los años siguientes fueron incorporándose nuevos componentes y autores. La agrupación mantuvo una actividad prácticamente continuada durante dos décadas y terminó relacionándose estrechamente con otras escuelas del Carnaval moronense.
Entre los momentos que recupera el capítulo aparece Mi Viejo Teatro, de 2007, una agrupación especialmente vinculada al regreso del Carnaval al Teatro Oriente después de más de una década sin poder cantar allí.
En 2008, con Sin Tapujos, se produjo además una unión entre componentes de la Comparsa de la Piscina y de la Comparsa del Rancho.
El resultado refleja bien una de las ideas que atraviesan todo el episodio: las distintas escuelas tenían personalidad propia, pero sus fronteras nunca fueron completamente cerradas. Los componentes pasaban de unas agrupaciones a otras, compartían autores y terminaban creando nuevas mezclas.
El documental recuerda también la participación de carnavaleros veteranos en algunas de estas agrupaciones, estableciendo una conexión directa entre quienes habían recuperado la fiesta y las generaciones que habían crecido alrededor de ella.
Las mujeres ganan espacio en las agrupaciones
El último tramo del capítulo vuelve sobre una transformación que ya había comenzado durante los años ochenta: la creciente presencia de las mujeres en las agrupaciones.
El episodio señala especialmente la segunda mitad de los noventa como otro momento de expansión.
A las experiencias anteriores se sumaron nuevas chirigotas y comparsas femeninas que terminarían teniendo continuidad durante varios años.
Entre ellas estuvo la Chirigota de la Maleni, con una primera etapa a comienzos de los noventa y un regreso al final de la década.
También en 1997 apareció la Comparsa de Adelina, que debutó con Un canto entre claveles.
Después llegarían Sin diferencia, Trabajando al alba, El desván, La frontera e Hilvanando mi febrero.
Sus componentes recuerdan aquellos años desde una perspectiva diferente a la de las primeras mujeres que habían salido anteriormente. El camino empezaba a estar algo más abierto, aunque las agrupaciones masculinas continuaban siendo claramente mayoritarias.
En sus tipos y repertorios aparecía con frecuencia una misma idea: la mujer trabajadora y luchadora, convertida en protagonista de sus propias coplas.
El documental reserva buena parte de esta historia para el tercer episodio, donde la participación femenina tendrá todavía mayor protagonismo.
Una década que cambió las dimensiones de la fiesta
El segundo episodio termina regresando a la idea con la que había comenzado.
Los años noventa fueron una década de expansión.
Se multiplicaron las agrupaciones, aparecieron nuevos autores, crecieron la chirigota y otras modalidades y diferentes generaciones empezaron a convivir dentro de una misma fiesta.
También cambió la calle. El pasacalles fue sumando participantes y el Carnaval dejó definitivamente atrás aquella situación de fragilidad que había acompañado a su recuperación durante los primeros años.
Pero quizá lo más relevante de la década fue la cantidad de caminos que abrió.
De aquellos años surgieron agrupaciones, autores y formas de cantar que seguirían evolucionando durante los 2000 y que explican buena parte del Carnaval de Morón actual.
El capítulo cierra recuperando precisamente a una de las agrupaciones con las que había comenzado su recorrido: Por Arte de Magia.
Una manera de cerrar el círculo de aquella «década dorada» en la que el Carnaval de Morón pasó de estar ya recuperado a convertirse en una fiesta mucho más grande, diversa y participativa.
